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Se recomienda visitar el dentista seis meses después de que salga la primera pieza dentaria. Si llevas a tu hijo al dentista desde muy pequeño, el odontólogo tiene la posibilidad de detectar todos los posibles problemas y ayudar a que, cuando sea adulto, tenga una dentadura sana.
Sí, durante este proceso las encías están inflamadas y doloridas. El dolor se puede reducir haciendo masajes sobre la zona con el dedo o con una servilleta mojada. Este proceso natural de la salida de los dientes no provoca fiebre. Si el niño tiene fiebre alta, hay que ir al médico, porque se trata de otro tipo de problema.
Es difícil establecer a qué edad un niño necesita tratamiento de ortodoncia. Como los niños de entre 7 y 12 años están en período de cambio de dientes, es recomendable una evaluación clínica y radiográfica alrededor de los 7 años para observar y controlar el correcto crecimiento dentofacial durante este período. A veces, cuando hay problemas evidentes, puede ser recomendable visitar a los niños antes de los 7 años para poder efectuar un tratamiento precoz.
A cualquier edad, la ortodoncia es capaz de corregir la mala posición de los dientes para conseguir una boca saludable. El hueso de los maxilares, aunque muy duro, también es muy flexible: el proceso biológico implicado en el movimiento dental es el mismo a cualquier edad, por lo que los dientes pueden moverse tanto a los 20 como a los 60 años. Y no es únicamente cuestión de estética: una mala posición de los dientes puede favorecer la aparición de caries, enfermedad periodontal o problemas articulares. La ortodoncia actual es más rápida y cómoda, con resultados estables y un coste más asequible: brackets cerámicos de baja fricción, aparatos simplificados y una duración media de unos 16 meses.
Todos los tratamientos requieren un mantenimiento adecuado. Con la ayuda de retenedores linguales fijos o retenedores removibles, los resultados obtenidos pueden ser estables, de manera que suponen una inversión para toda la vida.
Evitar los dulces, los frutos secos, los chicles y los alimentos duros. Utilizar el cepillo de dientes especial de ortodoncia después de cada comida. Si tienes molestias, puedes utilizar la cera protectora. Y si tienes algún problema, avísanos o acude a la consulta.
Para que la visita sea lo más agradable y confortable posible, hay varios tratamientos y medicamentos que pueden ayudar a reducir o eliminar el dolor y la ansiedad: analgésicos como el acetaminofén o el ibuprofeno; anestesia local, tópica o inyectable; sedantes, empleados en casos de ansiedad junto con la anestesia local; y anestesia general, que se usa en muy pocos casos. Antes de iniciar el tratamiento se te informará de todas las opciones aplicables en tu caso.
La pérdida de dientes o muelas puede provocar alteraciones digestivas (una masticación incorrecta dificulta la digestión), alteraciones de la articulación temporomandibular o ATM (cuando faltan piezas, la posición de la mandíbula se altera y la articulación sufre), alteraciones en la fonación (algunos sonidos se pronuncian apoyando la lengua en los dientes) y alteraciones estéticas, ya que los dientes mantienen la forma y el tono de los músculos de la cara, evitando arrugas y un aspecto de envejecimiento prematuro. Cuantas más piezas falten y más tiempo pase hasta su reposición, mayores serán estas alteraciones.
Todo el mundo puede llevarlos, ya sean pacientes a los que solo les falte una o pocas piezas o pacientes totalmente desdentados. A estos últimos se les colocan cuatro implantes por maxilar, sobre los que se sujeta la dentadura.
Los implantes consisten en la colocación de una raíz de titanio en el interior del hueso maxilar o de la mandíbula, mediante una pequeña intervención quirúrgica. Sobre esta base se colocan, posteriormente, una o más piezas dentales. La principal ventaja es que se puede evitar la prótesis removible, y respecto a la prótesis fija tradicional (puente) permiten reponer las piezas sin necesidad de limar las vecinas.
Cuando no hay una adecuada higiene bucal, los ácidos que producen las bacterias crean una capa de sarro dental que puede irritar e inflamar la encía y hacer que sangre al cepillarse. Las enfermedades que puede producir son la caries, la gingivitis (la forma leve de la enfermedad de las encías, con inflamación, enrojecimiento y fácil sangrado) y la periodontitis (la forma más severa, en la que se destruye el ligamento periodontal y el hueso que soporta el diente).
El signo más precoz que nos avisa de la existencia de problemas es el sangrado espontáneo o durante el cepillado. Una encía que sangra puede presentar una gingivitis (problema leve) o una periodontitis (problema grave); la diferencia entre las dos situaciones requiere una valoración por parte del dentista. No es normal que una encía sana sangre.
Aunque el tabaco no es capaz de producir enfermedad de la encía directamente, sí que agrava la evolución de esta y reduce la eficacia del tratamiento, al reducir el aporte sanguíneo a los tejidos y su capacidad defensiva frente a las bacterias. En los pacientes que dejan de fumar, al cabo de unos meses la encía adquiere características similares a las de una persona que nunca ha fumado.
No. El cepillo no llega a los espacios interdentales y, para mantener esas zonas libres de bacterias, hay que usar la seda o hilo dental. Aunque al principio cuesta aprender a utilizarla correctamente, con un poco de paciencia se puede aplicar en toda la boca en tan solo unos minutos.
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